Thursday, 10 July 2008

Los premios

Me dispongo a comenzar mi andadura en el manoseado mundo de los concursos literarios. He escrito muchos cuentos. He creado muchos relatos a lo largo de mi vida y ahora ya no quiero seguir haciendo lo que hago, no quiero seguir viviendo como vivo. Creo que debo estar a la mitad de mi vida, más o menos. Ahora toca no equivocarse. Las ciudades están podridas pero yo no puedo vivir sin esa podredumbre. Hoy aún es temprano y queda mucho por escribir.
Durante este mes enviaré tres relatos. No es mucho. Lo son todo. Me deseo suerte.

El lunes mandaré el primero, posiblemente en el que más he trabajado, el más extenso y en el que más espectativas tengo. Siento que no será bien entendido, los errores gramaticales intencionados, las palabras inventadas, las estructuras algo laberínticas...
Escribiendo sobre mis propios cuentos no puedo evitar sentir la aplastante influencia de John Cheever escribiendo sobre los suyos y, al mismo tiempo, las mismas dudas, las mismas comparaciones con otros escritores y, sobre todo, la misma necesidad de tener más fuerza con el lenguaje, de aplicarle una mayor dosis de pasión, no sólo a los cuentos y a los relatos sino a todo lo que me rodea en la vida. Me pregunto como resistió bebiendo todos los días durante cuarenta años. Yo no hubiese sido capaz de hacerlo durante cuarenta horas. Y, ahora mismo, más que nunca, pienso que los límites de mi persona se encuentran en los límites de mi lenguaje.

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